viernes, abril 07, 2006

Cartas de Martín Fieltro 1

Querida Ana.
Hoy fui a visitar la tumba de mi abuela. Le compré flores rojas y una tarjeta. “Aún estás en mí”. Nadie te dice nada por hablar con alguien que dejó de respirar hace años, meses o días. ¿Sabes? Creo que podría vivir en los cementerios, llorando y hablando con muertos ajenos.

Cerca de la lápida de mi abuela había una más blanca y pulida. Las flores parecían recién cortadas y su foto aún no había perdido su color original. Encontré una carta escondida entre las margaritas. Era de su mamá. Carlos Antonio Muñoz fue asesinado cuando iba con su novia por el parque de Aranjuez. Tenía deudas pendientes. Murió joven.

Los detalles ahora no importan mucho. Hoy Carlos fue mi amigo. Hablé con él, le pregunté por su novia y por su mamá. Él me preguntó por mis estudios. Pudo haber hecho tantas cosas y, sin embargo, al final nos dimos cuenta de que había vivido más que yo. Antes de irme, le dediqué un poema a la eternidad. En el fondo me alegra saber que si alguien me vio, sólo pudo pensar que yo era un amigo más.

Ahora sólo tú y yo sabemos por qué me gusta visitar a mi “abuelita”, de vez en cuando, en el cementerio. Es otro secreto que comparto contigo, cómo si eso pudiera atarte a mí y hacer que regreses.

Te extraño.

jueves, abril 06, 2006

El primero

Hola... Por lo que veo, ya Martín hizo nuestra presentación.
Me gustaría compartir esta carta del escritor Juan Guillermo Rúa, sacada de su libro "Cartas a Tell". Se ha trivializado tanto al amor. Todos hablan de él, pero son pocos en realidad los que han tenido la oportunidad de conocerlo y comprenderlo. En esta carta, está resumida mi visión del amor. Ojalá yo pudiera escribir y expresarme así:
Agosto 13. Tell, te quiero tanto que no sé qué sería de mí sin tu consuelo. Cuando me encuentro solo, despoblado de besos, miro por la ventana de tus ojos morenos y te veo allí, sentada, en el fondo del mundo con tus brazos abiertos para cobijar mi vuelo de juglar; hoy me llenan tus ojos hasta el borde de mí. No dejes que se apague en ti esa luz que produce mi calma.
¿Sabes por qué te quiero, Tell querida? Porque detrás de ti existe aquel yo que desconozco.

El grupo

Primero éramos William y yo en un café del barrio Tricentenario. Él siempre hablaba de su "mujer de niebla" y yo, menos metafísico y también más viejo, de Ana y Carolina. Ninguno de los dos sabía escribir, de hecho, apenas estábamos dando nuestros primeros pasos en esto de la literatura.
Nuestra amistad nació por un libro, "El túnel", de Ernesto Sábato. De alguna forma, Juan Pablo Castel estaba en cada uno de nosotros. Recuerdo que él tenía el libro sobre una de las mesas. No sé por qué lo hice, por lo general, no me gusta hablar con desconocidos, pero bueno, así es la vida, ¿no? A veces te sorprende.
Tenemos mucho en común, sin embargo, el tiempo ha dejado más marcas en mi piel que en la suya. Él ve el mundo desde una ventana, yo lo veo por encima de un sauce. Me avergüenza decirlo, William cree que soy su "maestro". Quizás por eso, me pidió el favor de tomar las riendas de su blog durante un tiempo.
El caso es que nos conocimos en Agosto y en Octubre ya éramos cuatro.
Alejandra nos contactó durante una película en el Centro Colombo Americano. Tengo la ligera sospecha de que William le llama la atención, pero es demasiado tímida para admitirlo. Ella también hará parte de este "valle", como le decía él, sin embargo, por ahora, no lo hará con una voz propia. No se siente lista. En lugar de escribir, Alejandra será nuestra profanadora de tumbas, por decirlo de algún modo. Va a compartir lo mejor de las cosas que ha leído, reviviendo las voces de sus personajes y autores preferidos.
Juan Pablo, el último loco de este barco, es el más joven y el más "creativo". Es un poco "payaso". Le gusta experimentar e innovar. De él no se puede esperar mucha coherencia, sin embargo, a veces nos sorprende con frases e historias que no parecen suyas. A él lo conocimos a través de Alejandra. Son amigos de la infancia. Me gustaría creer que va a cumplir su promesa de volverse constante, para intentar, por lo menos, escribir una novela corta.
Quizás a aquellos que lleven visitando "Tomoa" durante un tiempo les moleste la idea de que se convierta en un taller grupal. Todo cambio al principio es difícil, sin embargo, prometo respetar la naturaleza del blog. Como dije anteriormente, los espero.
***
William cayó en un agujero de conejo. No sé cuándo regresará, pero creánme, yo también quiero que sea pronto.

martes, abril 04, 2006

Una despedida, un comienzo

William, el creador de este blog, finalmente se ha ido. Es una persona muy extraña e insegura. Me dijo que se iba a buscar el sol. Ojalá le vaya bien. Yo me haré cargo de "Tomoa" durante algunos días. Tal vez invite a unos amigos para que me ayuden. Este lugar necesita nuevos aires.
Creo que lo mejor es comenzar de cero. Cambiaré el color y las historias que aquí se cuentan. No todo tiene que ser triste. También hay espacio para las historias cándidas y para otros géneros literarios, más enriquecedores que la "disertación en prosa".
Mi nombre es Martín Fieltro. Soy uno de los pocos amigos que tiene William. Haré todo lo posible para que su "jardín" florezca de nuevo, antes de que regrese.
Aquí comienza un nuevo viaje.
Los espero...

Adiós

Por qué me siento así. Por qué mis lágrimas son de sangre. Por qué me duele la cabeza y tengo náuseas. Por qué cierro los ojos y todo sigue dando vueltas a mí alrededor. Por qué no puedo respirar. Por qué estoy llorando. Por qué. Por qué la lluvia no quema.
Me estoy yendo. Mi cuerpo no responde. No puedo levantarme del suelo. Ya no. No quiero llorar más. No quiero. De qué vale una lágrima, aunque sea la última. Algo dentro de mí se rompió. Me voy. Me estoy yendo.
Por qué me haces llorar así.
Esta muerte lenta… agonía de tus besos… de tu piel que jamás llegó. Olvídate de mí. He muerto. Adiós.