viernes, diciembre 23, 2005

Ella

Estuvo aquí. No sé hace cuánto, pero insisto en creer que así fue. Vino y leyó mis pasos, como antes. Ésa es la única esperanza que me queda. La única y la más incierta.

Todo lo que sé de Ella son sólo suposiciones y sueños míos:

Ella es una flor delicada y tierna. Una soñadora de alto vuelo. Es fácil hacerle daño, aunque dudo mucho que haya alguien que lo haga de forma voluntaria, después de haber descubierto la fuerza alquímica de sus argumentos.
Ella es sensible e insegura, pero también muy “orgullosa”. A lo mejor, todavía se siente extranjera en una tierra de amores desgastados y “perros mudos”.
A menudo, aunque no quisiera, la imagino llorando sobre sus esperanzas rotas.
No sé mucho sobre su pasado, pero presiento que nunca ha encontrado alguien que pueda corresponder al ímpetu arrebatador de sus sueños, así como el mar le corresponde a la luna.

Ella es mi mujer de niebla, mi lectora, mi sueño de puertos y orquídeas, de ventanas y de lluvia. Ella y yo vivimos en lados diferentes del cristal, soñando el mismo cielo. La amo sin amarla. La busco porque sé que no puedo tenerla, porque sé que ella merece una felicidad que no puedo darle.

Ella, simplemente, es mi "valle" y también su recuerdo.

jueves, diciembre 22, 2005

Tomoa

Nadie sabe cuándo nació, ni cómo, ni por qué. Apareció mientras sus padres dormían en una tarde de eclipse total de sol.

"Me salió soñador y silencioso", era lo único que decía su madre sobre él cuando alguien le preguntaba.

A menudo se le podía ver en la orilla del río buscando las huellas de otras almas mudas como la suya, sin embargo, siempre regresaba a casa con el rabo entre las piernas.
Sus ojos solían preguntarle al viento si Ella en realidad existía, si algún día podría encontrarla por casualidad sentada en algún parque, deshojando mariposas.

"Mientras vivas en silencio, nunca encontrarás el amor", le decía su padre todos los días, mientras le acariciaba la frente como si fuera un niño; pero no lo era.

Ebrio de soledad, se fue de su casa y se internó en lo más profundo del valle, allí, donde las orquídeas cantan y danzan para la luna llena.

De vez en cuando, llegaban a su nariz nuevos perfumes, nuevas esperanzas que se grababan en su piel y le daban el aspecto de un velo, cubierto de parches y hoyos multicolor.

Para qué negarlo, él era un loco enamorado de la noche, vagabundo en busca de niebla, huérfano y prófugo por voluntad propia.

A Tomoa, el perro mudo y gris, siempre le ha gustado mirar cómo cae la lluvia.

martes, diciembre 13, 2005

Energía

Desperté enredado en los cables del alumbrado público.
No recuerdo cómo llegué hasta aquí, quizás el viento me arrastró cuando iba a visitarla. Siempre supe que pasaban cosas raras en la zona industrial, pero nunca nada como esto.
Sé, porque me lo han dicho los empleados de la empresa de energía, que tengo incrustados los cables en las piernas y las manos; que parezco una marioneta, una marioneta que piensa y habla por sí sola.
Cuando mi papá vino con Ella a despedirse, me contó que el alcalde no quiso dar la autorización para cortar la luz y facilitar las labores de rescate, porque según él, eso va en contra del correcto funcionamiento de las fábricas y de la vida misma. Lo natural era que yo hubiera muerto con la descarga de electricidad, pero no, en lugar de eso, me enredé en unos cables que no tenían por qué alargarse y perder la tensión como si fueran simples cuerdas. La energía ahora fluye a través de mi cuerpo, como si yo fuera una extensión más de la red eléctrica.
Desde que dejé de llamar la atención de los habitantes de la ciudad y de las regiones cercanas, sólo “vivo” esperando el día en que por fin pueda cerrar los ojos y devolverle al mundo su lógica exacta y “natural”.

lunes, diciembre 12, 2005

Ocaso

El siguiente texto fue escrito a dos manos. Camilo, muchas gracias.

Era la luna bajo la torre
Y no la torre sobre ella

Era la tarde cuando la luna se hizo mujer,
Tocó a mi puerta y escribió mi epitafio con su boca.

Y después llegó el amanecer con rayos verdes y rojos,
Y se instaló en el fondo azul de tus pupilas,
Aquellas que quedaron olvidadas en el tejado.

Siempre he querido disparar nubes y hacer sangrar la tarde
hasta que se haga de noche en mis ojos.

Volver

No sé cuántos días han pasado desde la última vez que hablé contigo. Nunca he visto tu sonrisa. Tampoco tus lágrimas. Ni siquiera conozco el perfume que se desprende de tus labios. No sé si tienes la piel fría o si tu voz es dulce y sincera. No me has dicho nada sobre tu familia. Jamás me has hablado sobre tus amigos... Querida mujer, no sé nada sobre ti y, sin embargo, lo único que quiero es volver a tu regazo, recostar mi cabeza sobre tu vientre caliente y soñar, como lo hice cuando vi tu alma por vez primera.