martes, mayo 20, 2008

Sueña por mí

Tenía los ojos dorados. Lo recuerdo bien. Como el sol entre las nubes del ocaso. Brillantes. Anita me habló de ellos desde la primera vez que los vio. La habían impresionado. Hablaba de él y su mirada con un entusiasmo que no era normal a su edad. Incluso llegué a sentir celos. A mí también me hubiera gustado soñar así, pero me quedé esperando a que alguien me enseñara a hacerlo. Ahora que lo pienso, ése debió haber sido el motivo por el cual le pedí a Anita que durmiera con las puertas de su habitación abiertas. Durante noches enteras me senté en el corredor, esperando que de repente se desbordara la luz tenue de su sueño. Siempre creí en esa clase de milagros extraños. Así te conocí. Así lo conocí a él en los sueños de ella. Así supe que Anita ya había comprendido cuánta soledad había en aquello que los adultos llaman amor. Pero sonreía. Y yo quise comprender por qué aún tenía fe en los milagros, por qué aún la tengo, por qué soy yo el que ahora duerme con las puertas abiertas, después de vos, mientras Anita llora sus tristezas de mujer adulta, lejos de sus ojos dorados.

domingo, mayo 11, 2008

El coloso

Silencio. El aire al habla. Semillas en un campo labrado de sangre. Son hermosas las cenizas que resplandecen antes de morir en la noche. Justo como vos. Sientes el calor tibio de tus mejillas aún tersas. Te despierta el olor a gas de la cocina. La sospecha de un adiós que no tendrás el valor de escribir. Ya pasó. No volverás a verlo. Lo cubrirá la nieve opaca del olvido. No verás sus ojos de amor azul nunca más.

*

Si la muerte no es esto a lo que llaman ausencia, si no es este cruel vacío de ser, de amar y despertar dentro de ti con la certeza de que ya no eres tú el que da calor a mis sábanas, si la muerte no es enviudar con cada viaje y fiesta en la oficina, con cada llamada y cada despertar en silencio como dos extraños que se miran desnudos igual que los perros miran la luna, entonces no creo necesario preguntar si esa otra muerte es más "dulce", no creo que sea necesaria la duda.

* * *

Te levantas sonriendo. Ahora crees que despertar es tan sencillo como abrir la llave, cerrar los ojos y respirar ese aire muerto que le sienta tan bien a tus huesos. Dejas que se te llene el pecho de esa otra vida que a veces adivinamos en los espejos y por fin sientes que realmente ya no queda nada para pensar. Qué frágil se ve ahora tu cuerpo adulto. Qué frágil es la sonrisa de ese sueño que te dejará sin esperanza, igual que todos los días.

Para vos, una sencilla e inútil ficción.

miércoles, mayo 07, 2008

Cayendo...

Lo sé, tal vez ya no te queda tiempo para verme llover sobre tu piel. Todo eso ya quedó atrás. Me olvidarás, te olvidaré, es tan normal, tan fácil que pase eso. Una mañana, lluviosa como cualquier otra, te despertarás sonriendo mientras abrazas la almohada en la cama vacía. Yo haré lo mismo del otro lado de la ciudad. Estarás en mí, aunque ya no recuerde tu olor, ni tu voz, ni tu sonrisa. Estarás en mí como ese espacio vacío que alguna vez fue mi vida entera y que hoy no es más que un cierto silencio de color gris. Lloraré tu nombre cuando lo vea deslizarse con la lluvia, cuando se vaya lejos de mí y simplemente se apague, la primera lágrima y un espacio en blanco en mi memoria, así, tan fácil como dejarse caer, como dejarse morir con el sol de cada ocaso.

martes, abril 15, 2008

Esa noche comencé a extrañarte...

Anita no quería un amor normal.

Ella siempre había sido diferente, incluso su soledad, la misma que compartía con sus dos hermanos y su papá, era única y especial. No sabría realmente cómo explicarlo. Tal vez podría dibujar las calles que imaginaba Anita sobre fotos de calles reales, romperlas y después unirlas otra vez, y así tendrías una imagen cercana del mundo en el que Anita esperaba encontrar el amor.

Siempre buscando ventanas abiertas, como la brisa busca el dolor en las olas, Anita se acostumbró a la felicidad por fragmentos, a la felicidad retazo, felicidad nube que siempre se le deshacía entre los dedos.

Así lo entendemos Martín y yo ahora recordando lo que Anita solía escribir:

"Vivo una vida que no es mía, una vida que jamás me pertenece, una vida que vas rompiendo, que vas tejiendo, que vas llorando, una vida que se pierde, como se pierden las lágrimas en la lluvia".

Y, sin embargo, tus mejillas aún calientes, aún tibias por la ruta de la sal, hablan del amor que confía, incluso bajo la lluvia, bajo las gotas secas que se te grabaron en los labios.

viernes, abril 04, 2008

Río abajo

¿Qué otra cosa nos queda? Sentarnos a ver morir la tarde, dejarnos llevar río abajo mientras reposas tu vestido en la ventana. Si de verdad el tiempo pasa y quedan los amigos, tal vez sí pueda sonreír cuando de mi vida sólo queden las cenizas. Por ahora, a tu lado, lo demás no importa. Incluso si no puedo entender lo que nos quiere decir la noche con sus estrellas muertas y sus voces del amor que huye, dejaré descansar mi corazón de niño sobre tu regazo, sólo para sentir la vida que fluye dentro de ti mientras nuestros besos de ayer se van río abajo.