martes, octubre 07, 2008

Te extrañaré, claro que te extrañaré…

Será extraño saber que ya no estás asomada en la ventana y que tal vez olvidarás cómo trepar al árbol en el que jugábamos juntos.

Será extraño escuchar tu voz, tu voz perdida en medio de la gente, tu voz tierna que se pierde como se pierde la magia, como se pierde la instantánea locura de sabernos niños, tan libres y felices, tan inocentes y extraños.

Va a llover, lo sé porque lo estoy inventando para ti, estoy dibujando nubes en la caja de arena, las voy trazando con una rama que encontré mientras te esperaba, tal vez por causa de los nervios, por el miedo a quedarme ausente cuando por fin sienta tu voz, cerca, justo sobre mí, dentro de mí, allí, donde crece el corazón…

Y es que para mí eres suave, cálida, mujer serena, mujer que sonríe; para mí eres sol, para mí eres nube, tan dulce, tan tierna tu sonrisa de niña, tus ojos inquietos, tu pelo negro mojado por la lluvia…

Entonces eres silencio y eres duda y me invitas a saltar, nos deslizamos juntos y nos hacemos compañía en los columpios, como retando al tiempo, como diciéndole, “hey, está bien así, no te detengas más, sigue fluyendo, sigue fluyendo para no extrañarla, para pensar que no la extraño”…

Porque tan extraña como mi voz, tan extraña como esta carta, así, extraña es tu ausencia, de ruanas y sombreros, de voces en silencio…

martes, agosto 19, 2008

Debe ser un escritor

Se oculta el niño bajo las escaleras, allí donde apenas hay luz. Aún no le han enseñado que quedarse quieto, con los brazos cruzados sobre las rodillas, no es la forma más efectiva de hacerse invisible. La verdad no creo que le importe mucho, no después de lo que pasó hoy, no después de darse cuenta de lo cruel que puede ser el silencio, más aun si es lo único que te ofrecen aquellos labios por los que uno, ingenuamente, quisiera dar la vida. Aún recuerdo aquellos días en los que jugábamos juntos. Siempre tuvo miedo de la oscuridad, de encontrarse cara a cara con sus fantasmas, de vivir con ellos esa otra vida que los adultos confunden con un sueño. El niño, mi amigo, se olvida de todo eso. Cierra los ojos, hunde la cabeza entre sus brazos y comienza a desaparecer. Puedo imaginar su voz. Está hablando con ellos. Los está inventando para aprender que el silencio es otra forma de ese amor del que hablan los libros, de ese amor que le permite hundirse en ella, en sus mejillas de sal, hasta morir, hasta vivir esa muerte de escritor, esa muerte de almas inventadas que cuelgan en ganchos de ropa, destiñendo vida sobre las alfombras... Sí, definitivamente debe ser un escritor, uno que aún se cree un niño enamorado, un niño que juega a hacerse invisible bajo las escaleras, para estar con ella allí donde apenas hay luz.

sábado, agosto 02, 2008

Este amor absurdo...

Que no me atrape el amor, que no me alcance, que no me encuentre, que no me vea, que simplemente pase de largo como siempre lo ha hecho conmigo, sin dejar huella, sin dejar nada, sólo heridas abiertas que dejo sangrar, ya sin llorar, ya sin reír, ya sin vivir por esta costumbre tonta de sólo pensar, como si pudieran mojar tus ríos de celofán o ser cálida la noche de tus cortinas oscuras, otra vez, una vez más, amor, eso que llaman amor, contigo, como si se pudiera lograr la eternidad en un simple beso, una canción, una fotografía, las historias que perdimos en el teléfono, todo lo que fuimos, los dos, mi sol, despierta tu tristeza, la soledad, ésa que también fuimos los dos y que hoy nos parece incluso tierna en esta tarde sin adioses...

lunes, julio 28, 2008

En blanco y negro

Vi lunas negras danzando sobre ti. Una de ellas, un tanto inquieta, cruzó por tus labios y se perdió debajo de tu falda. Lentamente, vimos crecer una luna llena en tu vientre. Anochecieron tus ojos y mi cuerpo ya no fue tan breve. Ya no era un cuerpo de niño improvisando el amor debajo de las sábanas. Y fue triste, triste como sólo puede ser el sabor de la sangre, en la vida, en la orilla, justo cuando comprendes que hay que acercarse a la muerte para aferrarse al amor. Y vi lunas negras, y tu viste lunas blancas, y juntos las vimos morir entre lágrimas confundidas, de esa vida que no es más tu vida y que te sonríe, y te espera todos los días, preguntando por mí...

Otra vez, azar...

Luces... Incluso en esta orilla. Luces como sombras, luces como espigas. Luces que hacen fila cada fin de mes en los bancos. Luces sobre ti, sobre los besos que dejamos, yo, los besos que dejé dentro tuyo... Luces muertas. Luces de ayer.